Por fin llega la fecha esperada. Entramos en la temporada de invierno y, al mismo tiempo, nos aproximamos al final del año. La Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR) lo hacemos de una manera especial: encontrándonos en la Sierra de Segura, en el enclave especial de la Hospedería Morciguillinas. Allí José Manuel y Vanesa se encargan de que todo esté perfecto para nosotros y no nos falte nada.
La idiosincrasia del evento es juntarnos los socios de aemotur (que no siempre tenemos ocasión de vernos y de salir en las rutas) para compartir amistad y anécdotas alrededor de las barbacoas vespertinas de cada uno de los días, y disfrutando de encantadoras rutas por las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas.




Este año hemos comenzado oficialmente el jueves para disponer de un día más de moto y compañerismo. Así que el viernes por la mañana, sin prisa y sin pausa, rodamos nuestra primera ruta por la Sierra, dirigiéndonos en este caso a la Sierra de Alcaraz. El nacimiento del Río Mundo, tras las lluvias de la temporada previa, estaba precioso; no lo conocía todavía. La carretera serpentea, el asfalto está desgastado y los acantilados se combinan con la alfombra verde formada por las copas de los árboles. Poco a poco vamos recorriendo los kilómetros con sorpresas, como el monumento a Amílcar Barca junto al río Segura; el lugar donde murió a manos de las huestes romanas por -quizá- una mala planificación y valoración de su adversario. Incluso disfrutamos rodando por un tramo de pistas legales de la zona, pudiendo así divertirme a tope sobre la Harley Panamérica que estoy estrenando.















La ruta del sábado fue diferente y salimos hacia la Sierra de Las Villas, conduciendo tranquilos y con cuidado porque en más de una ocasión nos encontramos animales en los lados de la carretera. Increíble me parecieron los acantilados y los pequeños ríos con sus saltos de agua. Una zona desde luego interminable.
La tarde la dedicamos a una de las actividades obligatorias del encuentro: la subida a El Yelmo para ver el atardecer. La imagen es espectacular con un cielo raso y algo de frío. Fue misión cumplida este año también.


Cada uno de los días, mientras los morciguillos revoloteamos traviesos por la carretera, Vanesa en “nuestra” Morciguillina nos tiene todo listo para que comencemos a cocinar en la barbacoa. Cae el sol y la noche será larga y entretenida. Conjuramos por los que ya os están y por los que estamos mientras hacemos nuestra tradicional queimada. Recuerdos, vivencias y sueños nos envuelven en el ambiente mágico de este encuentro.






Termina el fin de semana y debemos volver a casa; lo hemos pasado bien. Nos prometemos para el nuevo encuentro en 2025.
