Tras dos intensos días recorriendo el lado español de los Pirineos Centrales, esos que se circunscriben grosso modo a la zona aragonesa, hemos descendido hasta los Mallos de Riglos. La estampa del atardecer junto al río a ritmo de música chill- out style rodeados por compañeros de afición nos imprimen un recuerdo que perdurará durante mucho tiempo. No tenemos ganas de volver a casa, así que decidimos invertir otros dos días en alimento para el alma. La climatología acompaña.
Dejamos atrás Murillo de Gállego conduciendo junto a la vera del río Gállego, mientras mantenemos la flecha de nuestra brújula hacia el Norte. La carretera serpentea con buen asfalto y apenas encontramos tráfico. Tras cruzar la presa del Embalse de la Peña, la A-1205 se vuelve más sinuosa y estrecha; seguimos subiendo el cauce del Gállego. Es una zona que no conocemos, por lo que el devenir de los parajes y de los pueblos nos permite ir improvisando. Anzánigo es nuestra primera sorpresa. Nos encontramos con el famoso Motocamping de Anzánigo… ¡qué ambiente motero tan singular! Me quedo convencido de que en algún momento pasaremos allí un fin de semana, probablemente en primavera o en verano. Además, AEMOTUR -la Asociación Española de Mototurismo– deberá tener allí su recuerdo, como otros muchos motoclubes de reconocida historia.


Con un reconstituyente cafetillo en el cuerpo, seguimos ruta. La carretera que debemos tomar es tan pequeña que nos las saltamos y tardamos un poco en encontrarla. Una diminuta carretera sin marcar nos lleva de nuevo hacia Sabiñánigo pasando por Javerrelatre. Continuamos siguiendo el cauce del río Gállego hasta la desviación a Torla al alcanzar la población de Biescas. Con ganas de llegar a nuestro destino, el Valle de Ordesa, lo recorremos despacito hasta el hotel. La tarde nos resulta sencilla; nos hemos ganado el paseo por el valle y por Torla, donde vamos a cenar. Se nos ocurre pedir una recomendación gastronómica a través del grupo de AEMOTUR, y los amigos nos sugieren el Restaurante el Duende. Sin duda, una acertadísima elección.


A la mañana siguiente nos despertamos con la imagen de Monteperdido al otro lado del cristal de la ventana. Un buen desayuno asegurará nuestra supervivencia en una jornada de moto que prevemos que va a ser intensa, sin tiempo para comer. Retornamos a Biescas y continuamos al Norte en nuestra persecución de las aguas altas del Gállego, y junto a él nuestro paso pirenaico hacia el lado francés. Será por la carretera A-136, por las preciosas localidades de Lanuza y Sallent de Gállego, la estación de esquí de Formigal y el muy espectacular puerto de Portalet. Imprescindible un descanso en lo alto para tomar un aperitivo. Hemos llegado al punto más alto donde desaparece el río que hemos estado siguiendo toda la mañana.



Comenzamos a descender y el paisaje cambia, volviéndose más boscoso y húmedo. Por la conocida (aunque no para nosotros) D-918 nos introducimos en una espiral de subidas y bajadas a través de puertos tan emblemáticos y bellos como el Col de Aubisque, el Col de Soulor y el Col del Tourmalet. La carretera es espectacular, aunque el tiempo no nos acompaña; a veces circulamos por debajo de las nubes, otras por encima… y lo peor es cuando debemos conducir envueltos por ellas. La autonomía de nuestra K110 es demasiado corta para lo que estoy acostumbrado y no voy tranquilo, aunque sobrevivimos a este problema sin mucho contratiempo.

No nos gusta para a comer en este tipo de viajes, así que nos sentamos en una mesita de piedra en este último puerto mientras nos mojamos con las gotas de lluvia. El queso de Torla y el embutido que llevamos en la maleta nos sabe a manjar de dioses.





Nuestro reto es entrar de nuevo en el país por el Valle de Arán, y lo hacemos al caer el sol; con un poco de frío. Entretanto nos encontramos con grupos de moteros locales que han salido a curvear y pasar el día por los puertos pirenaicos de sus alrededores. Son el Col d´Aspin, el Col de Peyresourde y el Col de Portillón; hemos pasado de la D-921 a la D-918 y la D-618.




Poquito a poco descendemos a temperaturas más amables y Vielha nos ofrece el cobijo que estamos buscando para descansar un poco. Una preciosa ciudad de estilo medieval donde no echamos en falta la buena gastronomía local que nos deleita tras el descanso en el hotel spa que hemos elegido para reponer fuerzas.
Han sido tres días maravillosamente invertidos para disfrutar de los Pirineos entrando por Portalet y saliendo por Portillón.
