El año pasado tuve la ocasión de recorrer la zona oriental de los Pirineos, en las vertientes española y francesa. No quiso dedicar los días a una Transpirenaica completa, porque sería demasiado rápida; y buscaba algo más inmersivo. La experiencia fue gratificante.
Para darle continuidad este año he querido dirigirme a la zona central, aproximadamente lo que sería la zona aragonesa en el lado Sur, y francesa por su ladera Norte. Mi interés en conocerla despacito y en profundidad iba a presidir de nuevo la motivación de mi trazado. Can calma y tranquilidad iba a pegarle mi particular bocado a los Pirineos, combinando jornadas más largas y otras más cortas para recuperar fuerzas.
El punto de partida es el lugar de pernocta de la primera noche. Como siempre, no me satisface llegar por el camino más corto; y cuando alcanzo la capital leridana comienzo a tomar pequeñas carreteras que me permiten cruzar el Prepirinero por paisajes realmente extraordinarios. Primero será la Noguera Ribagorzana hacia Benabarre, para seguir al Norte hacia Roda de Isábena; una pequeña localidad mágica que resulta indispensable conocer cuando transitas por estas tierras. Incluso pensé en dormir allí, para pasear sus calles por la noche. Pero me pudo mi ansia de quedar mejor posicionado para la jornada siguiente, así que continué. Como me había esforzado en marcar las carreteras más recónditas y pequeñas, pese a rodar con la K1100RS y la compañía de Patricia, acabé encontrándome con lo que tenía que ser: que la carretera perdió el asfalto. Dudamos un poco, pero retornar implicaba dar una gran vuelta circular. Era tarde y, ni el sol ni la poca gasolina que nos quedaba en el depósito, nos iba a permitir escoger la opción sencilla… “¡Solo son treinta kilómetros!”, dijimos. Efectivamente valieron la pena. Y a tiempo llegamos a Buerba. Casa Marina nos acoge y nos ofrece un descanso que realmente merecemos. Estamos ya en las proximidades del Añisclo, que era nuestro objetivo del día. La cena frente al atardecer con productos de su huerta se mantendrá en nuestro recuerdo durante mucho tiempo.







Saludamos el día siguiente con otro talante, porque ya estamos en modo “viajero”. Se nos han olvidado las inquietudes laborales y todo el día a día de nuestro perfil profesional. Sabemos que será una jornada larga y nos importa poco. La grandeza de Añisclo es sobrecogerdora. Sus pequeñas carreteras serpentean junto a los riachuelos que esquivan las grandes rocas de la montaña pirenaica. Como restos de un pasado rural vamos también encontrando ermitas del primer románico, del siglo X al XII. Soy un auténtico aficionado a este estilo arquitectónico, quizá por la magia que desprende o la energía de los lugares en los que se encuentran las ermitas. Nos gusta desviarnos y parar en ellas un momento para leer la pequeña descripción que suelen tener en la fachada principal.



Por Nerín, Buisán y Fanlo vamos descendiendo hacia Boltaña. No nos detenemos en esta preciosa localidad porque ya la conocemos. Continuamos al Sur y subimos por la A-1604, unas carreteras que sube por el Puerto del Serrablo y nos sumerge en el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara. Son decenas de kilómetros sin ver a nadie ni atravesar ningún pueblo. Sólo alguna casa-fuerte, que debería tener misión de cuidado fronterizo en épocas pasadas.
Por fin llegamos a Loarre; hace mucho tiempo que tenía ganas de conocerlo y éste iba a ser el momento. Por supuesto, teníamos concertada la visita guiada para no perdernos un detalle de la historia.

Más tranquilos y algo cansados, nos montamos de nuevo en la infatigable K110 y miramos el mapa. Aún nos queda un poco para terminar el día, pero vamos bien de tiempo. Cuando alcancemos los malos de Riglos habremos terminado, concretamente en el Hotel Abadía del Salvador en Murillo de Gállego. Éste es un río muy reconocido por los aficionados a los deportes de aventura fluvial, y lo encontramos con ambientazo. Hablando con la dueña de la tienda de suministras nos dice que unos franceses han abierto un “chiringuito” que se llama Lounge And Ride… “¿Será posible? Tenemos que ir”, decimos. Y allí pasamos el resto de tarde, sentados frente a los mallos viendo el atardecer al ritmo de música de chillout formentereño, pero con un buen vinito de la zona y un plato de queso y embutido.


Hemos disfrutado a tope de dos días por la falta Sur de los Pirineos y Prepirineos centrales, llenos de paisaje y de historia. Pero lo mejor es que aún nos queda poner rumbo norte y continuar rodando otro par de días. Esta píldora de mototurismo es para nosotros como una pastilla de sanación. Estos son los enlaces de los dos días de ruta, que tengo a disposición en el perfil de Wikiloc.
