Con el frío del invierno no es fácil escoger destino para salir a rodar nuestra ruta de mototurismo mensual. Nos esperan paisajes nevados y algo de frío en días que todavía no son muy largos. Pensamos que lo mejor es disfrutar de una escapada de un solo día con no demasiados kilómetros, pero conociendo algo diferente. Con este fin, decidimos que lo mejor es una ruta enológica. Nos sumergiremos en la cultura de Guadalajara a través de una de las profesiones más antiguas del mundo: la vinícola.
Sabemos que más allá de Cogolludo, pero poco a la vista, existen viñedos que pertenecen a una bodega de especial encanto: Finca Río Negro. Este será nuestro destino, complementado con la degustación del tradicional cabrito asado de la zona.
Nos alejamos de Madrid por la autovía de Zaragoza y enseguida tomamos rumbo a Hiendelaencia. Este pequeño pueblo, que expresa su pasado minero a través de la estatua de una de sus plazas, lo consideramos el lugar ideal para entrar en calor y tomar un cafecito de media mañana. Una vez reagrupados, tomamos el reto de buscar las extraordinarias vistas del Alto Rey. La subida no nos resulta sencilla, porque la carretera está cubierta de nieve en algunos tramos. La verdad es que en AEMOTUR vivimos buenas aventuras, pero no nos gusta arriesgar las caídas.




De nuevo en la carretera, la vía serpentea por la Alcarria y la zona Norte de la sierra guadalajareña. Elegimos una pequeña carretera que hace mucho tiempo que no habíamos circulado. Y por ella llegamos finalmente a la bodega, un poquito separada de la carretera CM1001; a unos 10 kilómetros de la localidad de Cogolludo.
Allí nos espera José Manuel, con quien hemos concertado la visita guiada. Él, como propietario de la bodega, nos explica con todo cariño su historia y su evolución; y un también un montón más de anécdotas de la zona. Nos acompaña a través de los jardines y la ermita, hasta el pequeño edificio tradicional en el que nos obsequia con una muy entretenida cata maridada. Está todo delicioso, y las diferentes botellas de vino nos sorprenden y nos fascinan; tanto, que nos hemos planteado apadrinar una barrica para convertirlo en un lugar de reuniones y nutrir de ahí también el consumo de vino de nuestro Club House.






El tiempo se acaba y salimos hacia Cogolludo, donde nos espera el cabrito asado que le hemos encargado al Asador Hermanos Martínez.

Ahora sí, terminado lo bueno y tras una jornada sencilla pero especial sólo nos falta poner rumbo a casa despacito y con cuidado. Como siempre, ha sido un magnífico día de moto con la familia AEMOTUR.
