Nos dirigimos “al Sur de Granada”, esa comarca que así denominó en su libro con ese mismo título el escritor Gerald Brenan. Aben Aboo fue el último rey de Las Alpujarras, después de Aben Humeya; una tierra con una idiosincrasia especial, poblada por una gente muy especial. Es además parte del Parque Natural de Sierra Nevada.
Recorremos sus pueblos blancos que salpican la falda de la Sierra, pero sin detenernos demasiado, porque nuestro destino es otro. Aunque los más conocidos son Capileira, Pampaneira y Bubión, también merecen nuestra visita -aunque de manera fugaz- Pitres, Pórtugos, Valor, Bérchules, Cadiar, Yeger, Ugígar y por supuesto Trévelez donde aprovechamos para tomar una racioncita de jamón. Buscamos un valle y nos acercamos a la costa. Queremos recorrer y deleitarnos en La Contraviesa, esa afilada y retorcida sierra que separa las altas cumbres de Sierra Nevada del mar.








Siguiendo un canal de agua, sobre lo que parece una pista agrícola asfaltada, comenzamos a ascender. La carretera es serpenteante y pequeña; y el asfalto malo. Rubite, un pequeño pueblo de blancas fachadas, va quedando atrás. Son tantas las curvas que nos parece imposible que tardemos tanto en recorrer los kilómetros que nos separan del pueblo más elevado de esta sierra: Murtas. Por el camino nos tomamos un descanso en un bar que se ha convertido en un punto de encuentro aprovechando un cruce de carreteras; el Restaurante del Haza del Lino. Vemos otros puntos interesantes como la Venta del Tarugo y la Venta del Chaleco, cualquiera de ellos llenos de encanto tradicional.
Por fin alcanzamos Murtas, y concretamente la Bodega Cuatro Vientos. Antiguamente bodega de la familia García Galdeano, y hoy perteneciente a los hermanos Carrasco quienes la han transformado y convertido en un referente de cultura vitivinícola local. Allí tenemos la visita concertada y con experiencia, conocimiento y sentido del humor disfrutamos de una visita al museo y a la propia bodega. Aunque todos nos resultan excepcionales, nos destaca el “Malafollá” muy jovial, el “Marqués de la Contraviesa” muy auténtico, el Josefina de extraordinaria calidad y el “Nipollas” equivalente al cava. Tanto nos gustó que nos quedamos en deuda de adquirir una celda especial para nosotros.
















De la mano del atardecer y con el día cumplido, bajamos poco a poco persiguiendo el nivel del mar. La Mamola nos recibe con su tranquilidad, su pequeño paseo y su ermita de pescadores. En un pequeño chiringuito de playa despedimos el día; diría que agotados pero también satisfechos.
Sin duda, es una zona espectacular para recorrerla en moto.
